19 May
19May


Seguramente todos conocemos la antigua recomendación de no realizar buceadas siguiendo perfiles inversos. Éstos son aquellos perfiles en los cuales se bucea primero la parte menos profunda de la buceada y luego la parte más profunda. El argumento sonaba algo así como evitar someter a mayores presiones al gas ya absorbido en nuestros tejidos en las partes menos profundas, o a interpretar como una especie de parada de descompresión a las etapas menos profundas cuando se realizan luego de las más profundas. O variantes de estos ejemplos, que no se apartan mucho de esas ideas. La recomendación también se aplicaba a no realizar una buceada repetitiva más profunda que la anterior. Suena razonable, y sin entrar en mucho análisis parece lógico. Por ello, anteriormente, aunque nunca se obtuvieron datos empíricos confiables que permitieran confirmar su validez, esas afirmaciones eran aceptadas de buena fe.

Luego aparecieron las computadoras de buceo y rápidamente con ellas quedó en evidencia que siguiendo los modelos que sus algoritmos de cálculo establecían, no había diferencias sustanciales entre perfiles directos e inversos. “Si las computadoras los permiten, no debería haber nada malo con ello” fue el grito que se comenzó a escuchar. Se recabaron datos, se analizó, se dialogó, y hoy día es ampliamente aceptado que para buceadas dentro de los límites de no descompresión los perfiles inversos no revisten ningún tipo de problema si las diferencias entre las partes menos profundas y las partes más profundas de la misma no supera los los 12 metros o 40 pies. Personalmente me suscribo a la idea de que esa limitante surgió para contentar a algunos defensores de “bucear solamente perfiles directos”, básicamente dadas las características que los algoritmos de descompresión que ellos proponen imponen.

Con respecto a las buceadas con descompresión el panorama no es tan claro y hay quienes apoyan y quienes se oponen a la idea de realizar perfiles inversos. Lo mejor que se puede hacer es tratar de utilizar un criterio práctico a la hora de planear las buceadas, pero sin perder el sueño por ello. Aún hoy día siguen faltando estudios concretos que aporten adecuada comprobación empírica a este respecto. En mi caso puntual, si se puede sigo un perfil directo, pero si no, no me hago problema por ello. La verdad es que muchas de mis buceadas de naufragios tienen un perfil muy variable, con subidas y bajadas. Pero claro, generalmente en esas buceadas la diferencia entre las partes profundas y las menos, aunque sean mayores a 12 metros o 40 pies, representan solamente una fracción de la profundidad a la que se realizan. También es cierto que en su mayoría son prolongadas y que solamente realizo una al día.


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[1] En un taller realizado en 1999, en el Instituto Smithsoniano en Washington DC, se acordó levantar las recomendaciones, por parte de los diferentes participantes, sobre el desaliento explícito a los perfiles inversos. Éste es el link, en la Fundación Rubicon, con el documento elaborado: https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwin8f-F7vfoAhUJnOAKHeEfD7gQFjADegQIBhAB&url=http%3A%2F%2Farchive.rubicon-foundation.org%2Fxmlui%2Fbitstream%2Fhandle%2F123456789%2F4244%2FAAUS_ReverseProfiles.pdf%3Fsequence%3D1&usg=AOvVaw14Z3G6tFtHTEp6NcOH6N6q