Soñando con la próxima aventura


30 May
30May


El disfrute de bucear comienza mucho antes de tirarse al agua. Para mi lo hace en el momento en el cual decido que en tal fecha iré. En ese momento ya empiezo a saborear la emoción del salto desde el bote y a recorrer en mi mente ese jugozo descenso hacia el naufragio, los sonidos, las burbujas, hasta el gusto del agua salada. Y eso que aún ni siquiera se que naufragio será; pero ya lo veo aparecer poco a poco en la brumosa oscuridad de las aguas.

El siguiente paso es recorrer los calendarios de los dos o tres barcos en los que habitualmente contrato el espacio, para ver fechas disponibles y lugares de buceo. No siempre hay lugar para el día que los sueños prometieron a mis ansias [1]. De todas maneras trato de hacerlo con al menos dos o tres semanas de anticipación. Reconozco que planificación y experiencia ayudan a los sueños y contienen las ansias.

Si es unos de esos días en los que la providencia permite optar por varias opciones, la alegría se multiplica. Pero si no, no hay problema, tomo el destino al que se pueda hecha mano; sin importar que ya haya visitado ese naufragio en particular una veintena de veces. Nunca está de mas retornar a los viejos pasadizos; siempre hay algo más para ver, algo nuevo para descubrir y tal vez hasta algún nuevo tesoro que rescatar.

En los días previos a las buceadas hay que llenar los tanques con el gas adecuado, revisar el compensador, el traje seco, los reguladores, los reeles, las bolsas de elevación, las boyas de marcación de superficie (SMB, o “salchicas” como las llamamos por estos y otros lugares), linternas, cuchillos, la radio marina sumergible, etc., etc., etc. Todo debe funcionar a la perfección. Al bucear en estas latitudes no se debería admitir desviaciones del punto óptimo de operación de ningún componente del equipo. Despúes de todo es ni más ni menos que una especie de CTI móvil que nos mantendrá con vida en un ambiente hostil.

Siempre trato de invitar a algún amigo, pero muchas veces no tienen tiempo disponible (o sus esposas no los dejan y no se animan a admitirlo) o a algún ex-alumno, pero en general el plan es individual, si vinen bien, pero si no también. Toda buceada en éstas aguas las planeo y ejecuto como si fuera a bucear solo, aún si estoy buceando con uno o más compañeros.

A medida que se aproxima el día de la buceada presto atención a los pronósticos del tiempo, tormentas, lluvias y vientos. Algunos años han sido bastante malos a ese respecto, en algunos casos he llegado a tener más de una decena de cancelaciones sucesivas debido al mal tiempo. El dinero se recupera, pero la frustración de no poder tirarse al agua queda. Recuerdo perfectamente que en una oportunidad viajé a Carolina del Norte, 900 kilómetros de ida y 900 kilómetros de vuelta, para llegar y encontrarme que todas las salidas en barco habían sido canceladas por ese fin de semana debido a los fuertes vientos. Culpa mía, no quise hacer caso de los pronósticos y puse fé en las esperanzas de “medio vaso lleno” de los operadores locales.

La emoción se va pareciendo cada vez más a la que sentía de niño los primeros días de Enero, esperando a los Reyes Magos. Quién me diría entonces que de grande cambiaría a Melchor, Gaspar y Baltasar por Neptuno.

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[1] Es una referencia tanguera.