¡Malditos naufragios!


20 Jun
20Jun

A muchos buceadores nos gusta encontrarnos con algún tipo de estructura, sea natural o artificial, que podamos recorrer en nuestras buceadas. Tanto si lo hemos escogido de manera específica o nos la hayamos topado sin esperarlo. Pues bien, los restos de barcos hundidos son unas de esas estructuras que tanto nos atraen; sin duda las más numerosas y más ampliamente distribuídas por todo el mundo.

Los buceadores no técnicos, cuando van a a bucear un naufragio, parecen estar representando una escena de abordaje de alguna película de piratas. Dos o tres buceadores por aquí, dos o tres más por allá, subiendo y bajando por sus costados, de proa a popa, entrando y saliendo del puente de mando o de cualquier estructura que permita mínima penetración. Si son un grupo que viaja junto, sin duda habrá algún instructor o divemaster vigilando que todo salga bien. No cabe duda de que es una aventura que disfrutarán.

Pero tarde o temprano algunos de ellos comenzarán a querer un poco más que simplemente orbitar a su alrededor. Querrán meterse en ellos, explorarlos, ir más allá de los recintos accesibles desde el exterior. Comenzarán a verlos no ya como un enemigo a avasallar en grupo, sino como un misterio a desentrañar, poco a poco, pasaje a pasaje, cuarto a cuarto. Se dividirán en grupos pequeños o en parejas, para hacer el paseo más controlable.

Se meterán por pasadizos reducidos, esquivarán cables, trozos de metal colgando de lo que ahora es el techo, avanzarán con cautela para no levantar polvareda. Utilizarán diferentes métodos para establecer posiciones en cruces de caminos, colocarán luces estroboscópicas, cargarán múltiples reeles de penetración y llevarán sendos cuchillos, de esos de los cuales hasta hace poco se reían por creerlos una innecesaria exageración.

Con el correr del tiempo irán penetrando más y más dentro de las estructuras de naufragios cada vez más grandes, más oscuros, más lúgubres, más atemorizantes. Bajarán cada vez a mayores profundidades, porque allí es donde se encuentran en mejor estado de conservación y más lejos de las hordas de abordaje. De Nitrox regresarán al Aire y luego pasarán a Trimix. Comenzarán a planear y ejecutar buceadas con paradas de descompresión, ya que de otra forma sus tiempos de fondo serán insuficientes para sus gustos. De un cilindro de gas de descompresión pasarán a dos y en algunos contados casos a tres. Quienes puedan comprarán recirculadores, quienes no, seguirán en circuito abierto cargando con varios cilindros de gran tamaño.

Más de una vez realizarán la buceadas sin un compañero fijo, y eventualmente llegarán a hacerlas en solitario. Las primeras veces seguirán perfiles simples, no mucha penetración. Pero como todo, al ganar experiencia e ir contando con el equipamiento adecuado llegará el día en que sin pensarlo descubran que bucear en solitario por esos cuartos de máquina y esas escaleras, que hasta hace poco les parecían aterradoras, les resulta más apasionante que cualquier otra actividad que se puedan imaginar.

Pero el verdadero asombro les golpeará duro el día que se pongan a pensar detenidamente en los pasos que han venido dando y sin quere saquen cuentas del tiempo y el dinero que han dedicado a esta obsesión ¡y les parezca que valió la pena!
Ya no tendrán escapatoria, ya serán buceadores de naufragios sin cura ni remedio. Estarán condenados a pasar el resto de sus vacaciones y días libres entre hierros retorcidos en el fondo de ríos, lagos, y océanos. ¡Salud!