Buceo de naufragios


30 May
30May

Para mi la palabra buceo es sinónimo de buceo en restos de naufragios. Pero hay de todo en la viña del señor; a otros les gusta bucear en cuevas o minas abandonadas. Soy muy consciente, sin embargo, que el grueso de los buceadores lo son de arrecifes tropicales y entornos similares. Me imagino que a estos últimos, bucear en tales entornos cubiertos, un tanto claustrofóbicos si de eso se los quiere tildar, puede parecerles o bien una locura o una mera conformidad con bucear en lo que se tiene cerca. Pero la realidad es bastante diferente, hay que probarla para entenderla.

Mi gusto y obsesión por los restos de naufragios comenzó tres o cuatro años después de haber buceado mi primer naufragio en el océano. Al principio éstos eran para mi algo extra con lo que en algunas buceadas nos podíamos topar. A pesar de que al hacerlo me llamaban la atención y quería explorarlos, no eran el objetivo de mis buceadas. Incluso en aquellas buceadas en las que el plan fuera concretamente ir a un naufragio puntual. Esas exploraciones a las que me refiero eran siempre exteriores, con muy poca penetración “en la zona de luz”, como aprendí luego que se denominaba a dicha práctica. En otras palabras, los naufragios eran la excusa, el medio, la marca geográfica en la cual se iban a desarrollar algunas buceadas, pero el bucear y las buceadas eran mucho más que esos naufragios. Me imagino que la mayoría de los buceadores comparten ese mismo sentimiento; puede que en mayor o menor medida les guste bucear naufragios, los recorren, se emocionan, pueden ser el objetivo de una o mas buceadas en concreto, pero no son el objetivo último de bucear.

Recuerdo que la primer buceada de naufragios auténtica que realicé fue en Motauk, en el extremo norte de Long Island, Nueva York, como parte de una certificación de introducción al buceo técnico. El naufragio fue el Grecian [1], un carguero cuyos restos se encuentran a 25 metros de profundidad, hundido en 1932 a causa de una colisión. De él solamente queda un campo de trozos esparcidos por el fondo, resaltando entre todos ellos las calderas como casi las únicas estructuras reconocibles. Fue una buena buceada, pero el objetivo real no era bucear el naufragio sino completar la certificación mencionada. Desde el punto de vista del buceo de naufragios fue una buceada sin pena ni gloria.

El comienzo del cambio de mi gusto por los fierros retorcidos fueron unas vacaciones que tomamos con mi hijo menor para bucear en Carolina del Norte y Florida, en el centro y sur de la Costa Este de los EEUU. En ese viaje descubrí que los naufragios me resultan apasionantes y que los arrecifes, por contraste, me aburren. A partir de ese momento el saltar al agua no volvería a ser un simple pasatiempo para disfrutar la ingravidez y ver coloridas plantitas y animalitos, sino que sería el método y la excusa para visitar y recorrer restos de naufragios, explorar pasadisos lúgubres, muchas veces sin luz natural y en algunos casos reconocer que estoy siendo testigo de evidencia largamente olvidada de verdaderas tragedias.

Recuerdo que en aquella oportunidad la estrella del viaje fueron los restos del Hyde, una draga de 65 metros de eslora (largo) hundido como arrecife artificial en 1988 a 30 kilómetros de la costa de Wilmington, en Carolina del Norte. Es un naufragio poco profundo, 25 metros a la arena, que tiene algunas peculiaridades interesantes. Su estructura está bastante en pie, con algunos recintos y pasadizos que invitan a recorrerlos. Se encuentra en agua clara y cálida, lo cual lo hace apto para todo tipo de bucedores; no hay que ser fanático de los naufragios para disfrutarlo. Habitualmente es frecuentado por un gran número de tiburones, lo que le da un interesante complemento a la aventura de navegarlo.

Ésa fue la primera vez que pude apreciar un naufragio casi en su totalidad al mirarlo de cierta distancia. Los naufragios de Nueva Jersey, ubicada unos 600 kilómetros más al norte, ofrecen un panorama completamente diferente, la visibilidad es mucho menor, el agua es considerablemente más fría y los peces son generalmente mucho menos numerosos. No dejen que estas palabras los engañe, también hay en contadas ocasiones tiburones y algunos bastante grandes, pero son la rara excepción y no la norma, al menos en la mayoría de los naufragios cercanos a la costa.

Hoy en día bucear en el Noreste [2] tiene para mi un atractivo especial. Tal vez porque lo hago frecuentemente, tal vez porque la aventura de bucear en tinieblas me atraiga más, o tal vez por aquello de la zorra y las uvas [3]. Aquí el buceo de naufragios se realiza cargando múltiples tanques, reeles, SMBs y bolsas de elevación, linternas, implementos de corte y unos cuantos etcéteras, todo por triplicado. Por supuesto que también se necesita una mayor proteción térmica que la comúnmente se utiliza algunos cientos de kilómetros más al Sur. Todo ello, aunque parezca mentira, hace que el buceo en estos naufragios se asemeje más a la idea de expedición que nos viene a la mente cuando mencionamos esa palabra, que a la idea de buceo como saltar al agua a ver que pasa, que a los buceadores de arrecifes tropicales les viene a la mente cuando escuchan la palabra buceo.

No quiero dejar esto por aquí sin aclarar mis dichos sobre bucear en arrecifes. No es que no me guste ver corales, a Nemo y a Dory, pero después de 30 o 40 minutos segundos ya me siento abrumado por tanta belleza [4] y, debo admitirlo, los minutos parecen horas. Además tengo muy presente que a esa profundidad [5] la reserva de gas que llevo conmigo me tiene reservados 40, 50 o 60 minutos de tanta hermosura [4].

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[1] https://njscuba.net/sites/site_grecian.php 
[2] Ese “Noreste” referencia a la costa Noreste de los EEUU, donde habitualmente buceo. A menudo aclaro que reconozco que semejante simplificación puede resultar molesta, por varias razones que no vienen al caso, a diferentes buzos de otras partes, pero que lo hago porque gran parte de la literatura, ya sea de varias agencias certificadoras de alcance mundial o de un puñado de libros, incluídos algún Best Seller que otro, así lo hace.
[3] La zorra, en la fábula de Esopo, al no poder alcanzar un racimo de uvas con el que se encontró, se dice a si misma que están verdes.
[4] Léase en tono sarcástico. No porque no sea bello el panorama, sino porque para mi gusto le falta emoción.
[5] ¿10 o 20 metros?