15 Aug
15Aug

Sabemos que el dicho de que el cliente siempre tiene la razón es mentira. Pero por ello no vamos a asumir que lo opuesto es cierto. Además todos somos clientes; aún aquellos de nosotros que además somos mercaderes.

Después de todo el cliente se encuentra en el centro de toda actividad mercantil. Todo gira entorno a él, o al menos debería hacerlo. Proveedores de productos y servicios de buceo no pueden perder esto de vista y deben reconocer que escucharlo, satisfacer sus necesidades y deseos, apoyarlo, y transitar con él el camino que él quiera recorrer es fundamental para sobrevivir en la industria.

Al cliente hay que entrenarlo, enseñarle, explicarle, mostrarle el camino y dejarlo correr, volar, sumergirse. Todos habremos notado una gran cantidad de operadores que bien podrían ser una muy oportuna caricatura de algún dictador venido a menos. Algunos centros de buceo son atendidos como si a los buceadores se les estuviera haciendo un favor. Muchos de estos mercaderes sienten que las organizaciones de certificación que ellos impulsan o los fabricantes de productos que ellos representan son “el alma” del buceo y por ende sus palabras y recomendaciones deben ser aceptadas sin titubear y agradecidas una y otra vez. Muchos instructores y divemasters se comportan como si fueran un amargado jefe de departamento, dando órdenes a diestra y siniestra, prepoteando, mostrando soberbia.

Los buceadores recreativos no somos un comando militar que tiene un objetivo concreto y al que hay que adiestrar para que siga órdenes y procedimientos bajo pena de castigo. Los buceadores, cuando usamos servicios o adquirimos productos de algún proveedor somos clientes, usuarios, y nuestro principal objetivo es pasarla bien. A no olvidarlo.

Para ser mandoneado, encuadrado, presionado y tener que soportar caras de desapruebo y desilusión está el matrimonio [1].

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[1] Este comentario será removido de futuras versiones (a mi esposa no le gustó).